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Dioses Egipcios

La piedra Benben: el Sol y la Creación

Piedra Benben

Es importante hablar del origen de la piedra Benben y su leyenda. Al igual que los mitos de otras culturas, los relatos egipcios de la creación hablan de una época anterior a la creación donde todo lo ocupaban el vacío y el caos. Una extensión llamada Nu. Para los egipcios, el comienzo de todas las cosas era el Zep Tepi (“la primera vez”). El vacío era descrito como una masa de agua primordial de la cual surgió un montículo con forma de pirámide, La famosa piedra benben.

Esta palabra es similar al nombre que se le dio al ave sagrada del renacimiento, comparable al fénix griego, el bennu. En la antigua ciudad de Khemenu, conocida por los gobernantes griegos de Egipto como Hermópolis, su relato de la creación comienza con la formación de ocho Dioses de la Ogdóada. Prepárate para presenciar un capítulo más en Tierra de Faraones.

La piedra Benben: el origen de la vida en la Tierra | Capítulo 8

Ogdóada de hermópolis

Dioses primordiales del Antiguo Egipto

Nu era varón, y su compañera femenina era Naunet. Juntos, representaban el mar primordial y sin vida. Huh era varón, y su compañera femenina era Hauhet. Juntos, representaban la infinita extensión de aquel antiguo mar. Kuk era varón, y su compañera femenina era Kauket. Juntos, representaban la sombría turbiedad que era parte natural de aquel fluido primigenio.

Amón era varón, y su compañera femenina era Amonet. Juntos, representaban la opaca oscuridad de aquellas aguas primeras. Esta cualidad hacía imposible descubrir nada más sobre la naturaleza de aquellas aguas. Estando ellos relacionados con el tema del agua, no debería sorprendernos que los representaran las ranas (en el caso de los varones) y las culebras de agua (en el de las mujeres).

El primer benben

Cuando la Ogdóada se reunió, se creó un desequilibrio que forzó el surgimiento del primer benben, y de él, la aparición del sol para verter su luz sobre toda la existencia material. En la antigua ciudad de Iunu, conocida por los gobernantes griegos de Egipto como Heliópolis, la historia de la creación toma una forma un tanto distinta. Para la gente de Iunu, Atum se creó a sí mismo a partir del vacío acuoso.

En algunas versiones, se ve a Atum sentado sobre el benben primigenio. En otras, él es el propio benben. Atum representaba al sol poniente, donde el día llega a su fin. Es interesante destacar que los hebreos también consideraban la puesta de sol como el final del día, y el momento posterior a la desaparición del sol como el comienzo de un nuevo día. Debido a la asociación de Atum con el sol, a veces se le llamaba Ra o Atum-Ra.

Como en muchos de los mitos de otras culturas, se describe muchas veces a los Dioses como si tuvieran forma humana. Por ejemplo, Atum da vida a sus primeros dos hijos masturbándose o estornudándolos. Estos son el Dios del aire, Shu, y la Diosa de la humedad, Tefnut.

La primera tragedia en el mito de la creación

Agua primordiales

Mientras Atum estaba trabajando en uno de sus muchos proyectos de creación, Shu y Tefnut se interesaron por todo lo que les rodeaba. Shu pregunto lo siguiente:

¿Qué es esta sustancia acuosa que rodea la isla de la creación? Padre no nos ha contado mucho acerca de ella. Solo comenta, que ya estaba aquí antes de que él llegara ¿No te provoca curiosidad? 

Shu

Pero Tefnut le contesto:

Bueno, puede que un poco. ¿Qué se te ha ocurrido? Padre está con sus cosas. No debemos molestarle.

Tefnut

Shu asintió para sentirse más seguro de su nueva decisión. Quizá deberíamos explorarla. Tal vez, si encontramos en ella algo de valor, podemos llevársela a Padre para que lo use. Tefnut sonrió y asintió a su vez. De repente, saltó a las aguas primordiales y se alejó nadando. Shu nadó tras ella a poca distancia. 

En busca de Shu y Tefnut

Más tarde, cuando Atum estaba listo para tomarse un descanso, llamó a sus hijos, pero no obtuvo respuesta. Pronto se puso frenético. La creación aún era nueva, y Atum aún estaba aprendiendo a manejar la naturaleza de la realidad y a darle forma. ¿Había algo que se le hubiera pasado por alto? ¿Era posible que entre las herramientas con las que estaba trabajando hubiera una que causara destrucción?

En ese momento, reparó en que había un remolino residual en las aguas primordiales. Al instante, supo que sus hijos se habían zambullido en aquellas aguas y que se habían alejado nadando. ¡Oh, mis amados hijos! Tuvo miedo de que se perdieran en la turbia oscuridad de aquel vacío infinito. Su luz no podía abarcar el infinito. No podría verlos si se habían alejado demasiado. ¿Qué puedo hacer?

De pronto, su pensamiento y acción se hicieron uno. Se sacó su ojo derecho y lo lanzó al vacío. ¡Encuentra a mis hijos! Tal fue su orden y su divina intención. No mucho tiempo después, una nueva Diosa, el Ojo de Ra, volvió remolcando a sus hijos. Atum quedó tan aliviado que comenzó a llorar, y cada lágrima se convertía en una nueva creación, transformándose cada una de ellas en un ser humano individual.

El Consejo Supremo de los Dioses

Consejo Supremo de Dioses de Egipto

Después de que Atum hubiera trabajado durante un rato creando el mundo y muchos de los nuevos Dioses que necesitaba para controlar toda la realidad física, creó un consejo supremo de Dioses llamado la Enéada.

Sus nueve miembros eran Atum-Ra y sus dos hijos, Shu y Tefnut, y los dos hijos de estos, Geb y Nut, y los cuatro hijos de estos, Osiris (Auser), Isis (Asett), Seth y Neftis. A diferencia de la Ogdóada, la cual se encargaba del vacío del caos, la Enéada se ocupaba de la existencia física.

Más Historias sobre la Creación

En la antigua ciudad de Inbu-Hedj, conocida por los gobernantes griegos de Egipto como Menfis, el relato de la creación gira en torno al Dios protector de todos los artesanos, Ptah. En él, el mundo físico creado con mimo y precisión intelectual; al contrario de lo que se narraba en el mito de la creación del accidente de Khemenu o en la historia de la creación del estornudo de Iunu.

Ptah poseía una habilidad innata para ver el resultado deseado en todos los detalles y para encontrar los recursos necesarios para su fabricación. Los mitos egipcios situaban las facultades mentales en el corazón en vez de en el cerebro. Se contaba que Ptah hablaba desde el corazón, y que las cosas que visualizaba se manifestaban en la realidad física.

El corazón de Ptah

Ptah

Cuando pronunciaba el nombre de algo, aparecía de repente. Su palabra hablada era el lugar de donde surgían todos los demás Dioses, objetos físicos y seres mortales. Mientras creaba, Ptah estaba unido a Tatjenen, el Dios del primer benben. En algunos aspectos, Ptah es similar al Dios abrahámico del judaísmo y de la cristiandad, según los cuales la creación era más bien una actividad gobernada por una intención inteligente.

En otras facetas, la forma de crear de Ptah, desde el corazón, imita la naturaleza de la oración. El filósofo Rod Martin Jr. destaca: La oración, cuando se realiza como toca, proviene de un sentimiento o desde “el corazón”. Nunca procede del pensamiento o de las palabras de los labios de alguien. Un corazón temeroso que pide salvación recibirá más cosas que temer.

Un corazón seguro de sí mismo, pero humilde que pide cualquier cosa, la recibirá al instante. Y la mayoría de la gente no están muy seguros de recibirlo al momento, por lo que el tiempo (el retraso) se convierte en parte de la entrega.

Amón una fuerza invisible

En la antigua ciudad de Waset, conocida por los gobernantes griegos de Egipto como Tebas, y como Luxor en tiempos modernos, también tenemos otra versión más de la creación. Para ellos, Amón era una fuerza invisible tras cada aspecto de la creación, y también, un elemento de la Ogdóada. La forma de Amón lo abarcaba todo, desde lo más profundo del inframundo hasta lo más alto de los cielos.

Cuando Amón emitió su primer grito, rompió en pedazos la unidad de la nada infinita y trajo a la vida tanto a la Ogdóada y sus ocho dioses como a la Enéada y sus nueve dioses. Para la gente de Waset, Amón era un misterio envuelto en la oscuridad hasta para todos los demás dioses. Y los atributos y habilidades de todos los demás dioses eran en un aspecto u otro de Amón. Los habitantes de Waset tenían a su ciudad como el emplazamiento del benben original.

El Sol: un aspecto central de la Creación

El ojo de Ra

La figura del Sol aparece en el centro de todos estos relatos. En todo Kemet (Egipto) se adoraba al menos un aspecto del Sol. De hecho, el nombre de Heliópolis significa, literalmente, “la ciudad del sol”. Cuando Atum se sacó su ojo para encontrar a sus hijos, Shu y Tefnut, la nueva Diosa que surgió no solo tenía la capacidad de percibir, sino también la habilidad de arrojar la luz necesaria a su alrededor para poder ver con mayor claridad.

Varias Diosas han representado al Ojo de Ra en todos los mitos egipcios. La lista es larga, y en ella figuran Bastet, Hathor, Mut, Sekhmet y Wadjet. En ocasiones, su “ojo” se representaba simbólicamente como el disco solar. En la parte trasera del billete de dólar de EEUU., también puede verse el ojo en el benben que brilla por encima de una pirámide truncada.

Dioses que representan el Sol

Había varios Dioses que se asocian más con el sol. Por supuesto, está Ra, el cual representa al sol en su cénit o cerca de él, cuando su luz cegadora realiza la mayor parte de su trabajo de nutrir las plantas del mundo físico. El Sol presenta diferentes aspectos durante su ciclo diario. Jepri ocupaba la primera franja del día, mientras el sol estaba saliendo.

Debido a su condición de “recién nacido”, también representaba el renacimiento. El Dios menor Atón representaba el disco del sol visible, pero no su luz ni su calor portador de vida. Tal y como hemos visto, Atum representaba el sol poniente, cuyo tema se vincula con su estatus como fuente de la creación.

La puesta de sol marca el fin de cada día, y Atum pudo completar cada creación dándole forma, sustancia y persistencia. Y Ptah se asoció durante mucho tiempo con el sol una vez este se había puesto. Durante cada noche, el Sol se reponía a sí mismo y se preparaba para un nuevo día. Además de sus destrezas de artesano, Ptah era también un Dios de las artes y de la creación biológica (la fertilidad). En el caso de Ptah siempre me recordó mucho al dios sumerio Enki.

Los egipcios también vieron