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Dioses Egipcios

El juicio de Osiris

El «Juicio de Osiris» tenía lugar en el Duat, el inframundo egipcio. Osiris es una deidad que simboliza el tránsito y se encarga de que la persona vaya a una nueva vida después de la muerte. Sin embargo, el ser fallecido tiene que pasar por un examen moral. La prueba principal es saber mediante una balanza si es devorado por Ammit o si va al paraíso, al “Campo de los Juncos”.

Osiris fue un dios de resurrección vinculado con la vegetación, la cosecha y con las crecidas anuales del río Nilo. Su muerte a manos de su hermano Seth y su resurrección bajo los cuidados de su esposa y hermana Isis, simbolizaba la regeneración del entorno natural. El pensamiento egipcio concibió un complejo mundo de ultratumba cuyo tránsito requería el conocimiento de diversas fórmulas mágicas. Hoy voy a contarte cómo funcionaba el «Juicio de Osiris».

Mitos egipcios

El corazón y la pluma

El egipcio se encontraba en el Duat con Osiris, que era el encargado de dictar la sentencia y decidir si el alma del muerto podía ir al paraíso o no. El «Juicio de Osiris» era presenciado por 42 dioses, la gran prueba del tribunal. El difunto es acompañado por el dios Anubis hacia la entrada del Duat, esta deidad lleva en su mano izquierda la cruz egipcia llamada Ankh, cruz de la vida y la resurrección.

Una vez llegan a la “Gran Sala” se encuentra con la balanza de Maat, la “Diosa de la Justicia”, donde tendrá el “Juicio del Alma”. La balanza tiene dos platillos, en uno se colocará el corazón del difunto y en el otro platillo se ubica la pluma de Maat. El difunto debe de recitar las confesiones negativas recogidas en el capítulo 125 (CXXV) del “Libro de los Muertos”.

Entrada al santuario de Maat – Parte 2º (Papiro Nu)

Salve, dios grande, Señor de la Verdad y de la Justicia
Amo poderoso: he llegado hasta ti.
¡Permíteme contemplar tu radiante belleza!
¡Sé tu nombre mágico y también los de las 42 divinidades!
Que te rodean en la Gran Sala de la Verdad y Justicia.
El día en que se rinden cuentas de los pecados ante Osiris,
La sangre de los pecadores le sirve de alimento.
Tu nombre es: «El-Señor-del-Orden-del-Universo-Cuyos-dos-Ojos-son-las-dos-diosas-hermanas».
Es así que yo traigo en mi corazón la Verdad y la Justicia
Porque he sacado de él todo Mal…
Yo no he hecho mal a los hombres.
Yo no empleé la violencia contra mis parientes.
Yo no reemplacé por la Injusticia a la Justicia.
Yo no frecuenté a los malos
Yo no cometí crímenes
Yo no hice trabajar a mi beneficio con exceso
Yo no intrigué por ambición
Yo no di malos tratos a mis servidores
Yo no blasfemé a los dioses
Yo no privé al pobre de su alimento
No cometí actos execrados por los dioses
Yo no permití que un amo maltratase a su sirviente
Yo no hice sufrir a otro
Yo no provoqué el hambre
No hice llorar a los hombres, mis semejantes
Yo no maté ni ordené matar
Yo no provoqué enfermedades entre los hombres
Yo no sustraje las ofrendas de los templos
Yo no robé panes de los dioses
Yo no me apoderé de las ofrendas destinadas a los Espíritus santificados
Yo no cometí acciones vergonzosas en el recinto sagrado de los templos
Yo no disminuí la porción de las ofrendas
Yo no traté de aumentar mis dominios
Utilizando medios ilícitos
Ni usurpando los campos de otros
Yo no manoseé los pesos de la balanza ni su astil
Yo no quité la leche de la boca del niño
Yo no me apoderé del ganado en los campos
Yo no tomé con el lazo las aves que estaban destinadas a los dioses
Yo no pesqué peces con peces muertos
Yo no puse obstáculos en las aguas cuando debían correr
Yo no apagué el fuego
En el momento que debía arder
Yo no violé las reglas de las ofrendas de carne
Yo no me apoderé del ganado que pertenecía a los templos de los dioses
Yo no impedía a un dios que se manifieste
¡Yo soy puro!, ¡soy puro!, ¡soy puro!
Fui purificado igual que el Gran Fénix de Heracleópolis
Porque yo soy el señor de la respiración
Que da vida a todos los iniciados
El solemne día en que el Ojo de Horus
En presencia del señor divino de esta tierra
Culmina en Heliópolis el Ojo de Horus
Ya que vi culminar en Heliópolis el Ojo de Horus
No me sucederá ningún mal en esta Región, ¡Oh dioses!
Ni tampoco en vuestra sala de la Verdad y Justicia
Porque yo sé el nombre de los dioses
Que rodean a Maat, la gran divinidad de la Verdad y Justicia.

Salida del Alma hacia la Luz del Día. Libro Egipcio de los Muertos. La confesión Negativa I.

El veredicto final en el Juicio de Osiris

Una vez recitado el conjuro, Anubis pesa su corazón en uno de los platillos y levanta el brazo para detener la aguja de la balanza. Mientras tanto, el dios Thot cogía su paleta de escriba para anotar el veredicto, y declaraba de esa forma la inocencia o culpabilidad de la persona juzgada. El difunto espera con impaciencia la resurrección o su condena. Ammit, el “Devorador de Almas”, una deidad con cabeza de cocodrilo y cuerpo de hipopótamo espera el veredicto final.

Por otro lado, Osiris sigue el juicio acompañado de Isis y Neftis. A partir de ese momento, el jurado formado por 42 dioses, le formula una serie de preguntas sobre su pasado y comportamiento moral. En función de la respuesta, el corazón podía aumentar o disminuir de peso, haciendo decantar la balanza hacia un lado o hacia el otro. Ahora bien, si en la balanza de Maat el corazón pesa más que la pluma, el difunto será devorado por Ammit, impidiendo que obtenga la inmortalidad.

No obstante, si los dos platillos de la balanza se equilibran, Thot le comunicará a Osiris que su corazón ha sido justo. Por otro lado, siendo el juicio favorable para el difunto, será acompañado por Horus ante la presencia del señor de la eternidad. Encima del loto de olor divino se encuentran los cuatro hijos de Horus, las cuatro formas de la luz. De esa forma el difunto obtendrá la inmortalidad y será llevado a los “Campos de Juncos”, conocido también como el paraíso.

Capítulo 125 del Libro de los Muertos

El capítulo 125 del “Libro de los Muertos” consta de cuatro partes:

  1. Palabras para pronunciar a la entrada del santuario de Maat.
  2. La confesión Negativa I. (Papiro Nu).
  3. La confesión Negativa II. (Papiro Nebsenti).
  4. Ante los dioses del Mundo Inferior.

Entrada al santuario de Maat – Parte 1º

Oh, Maat, estoy aquí ante ti!,
Permíteme, pues, mirar tu radiante belleza!
Mira!, mi brazo se levanta para adorar Tu nombre sacrosanto,
Escucha oh! Verdad y Justicia
Llego a los lugares donde los árboles no crecen.
En donde el suelo no hace surgir plantas…
Es así que me introduzco en los lugares de los Misterios,
y hablo a Seth, dueño de esos lugares…
Mi guía protector se aproxima a mí, su cara está cubierta por un halo espeso
Habiéndome inclinado ante los lugares de los misterios
Penetra en el santuario de Osiris
Y mira los misterios que se desarrollan en él,
Aquí están los Espíritus Guardianes de los Pilonos
Tiene la apariencia de los Espíritus santificados de los Muertos
Oíd a Anubis, que comienza su discurso
Habla dirigiéndose a derecha e izquierda
Como un hombre venido de la tierra de Egipto
Conocedor de los caminos y ciudades de nuestro país.
Dice: Olfateadle! El olor de este hombre os parece que es uno de los vuestros?
Yo le contesto: Yo soy Osiris!
Estoy aquí para mirar a los dioses, los grandes,
Y entrar en posición de la vida eterna, comulgando con el pan celestial.
He llegado hasta estos lejanos límites del Cielo
Donde habita Osiris, Alma Grande, Señor de Djedu…
Él me ha dado la fuerza de los movimientos
Bajo la forma de un Espíritu con cabeza de Fénix…
Poseedor del verbo de potencia me zambullo en las aguas que corren
He realizado ofrendas de incienso,
Como un niño he ido hasta el árbol Shendet…
Es así que llegué a Elefantina,
Frente al templo de la diosa Satit.
Hice dar la vuelta a la barca cargada de mis enemigos.
En paz he viajado por el lago
Y he contemplado los cuerpos gloriosos de Kam-Ur…
Visité la ciudad sagrada de Djedu.
Pero sobre esto guardo silencio..
Restituí a la divinidad el uso de sus piernas.
Alcancé el templo de Anubis y contemplé al señor del lugar.
Fui oculto y enterrado y encontré un camino de salida…
Atravesé desolados pueblos en los que nada crece
Y cubrí mi desnudez con vestidos que allí encontré.
Recibí las pomadas de las mujeres para ungirme
Y me enseñaron las Palabras de Potencia de los iniciados.
Es así que Seth me habla a su manera…
Yo le contesto: Tu balanza, en verdad, es nuestro corazón
Donde hay que buscarla…
Su majestad Anubis me dice: sabes tú el nombre de esta puerta?
De manera que puedas proclamarlo ante mí?
Yo le contesto: el-dios-Shu-el-destructor- ese es el nombre de esta puerta!
Su majestad Anubis me dice: ¿conoces el nombre de la Bisagra superior de esta puerta?, ¿y el de la bisagra inferior?
Yo le contesto: El-señor-de-Verdad-y-Justicia-sobre-sus-piernas.
Ese es el nombre de la bisagra superior.
El-señor-de-la-doble-potencia-domador-del-ganado.
Ese es el nombre de la bisagra inferior.
Su majestad Anubis ordena: Entra, ya que conoces estos nombres mágicos.

Salida del Alma hacia la Luz del Día. Libro Egipcio de los Muertos.

Entrada al santuario de Maat – Parte 3º (Papiro Nebsenti)

Oh! Tú, espíritu que caminas a grandes pasos, y que surges de Heliópolis, oídme!. Yo no cometí malas acciones.
Oh! Tú, espíritu que se muestra en Kher-aha, y cuyos brazos están rodeados de un ardiente fuego. Yo no actué con violencia.
Oh! Tú, espíritu que te manifiestas en Hermópolis y que respiras el aliento divino. Mi corazón detesta la brutalidad.
Oh! Tú, espíritu que te manifiestas en las fuentes del Nilo. Yo que te alimentas sobre las sombras de los muertos. Yo no robé.
Oh! Tú, espíritu que te manifiestas en Re-atau. Y cuyos miembros se pudren y apestan. Yo no maté a mis semejantes.
Oh! Tú, espíritu que te manifiestas en el cielo, bajo la forma doble de león. Yo no disminuí el celemín de trigo.
Oh! Tú, espíritu que te manifiestas en Letópolis. Y que como dos puñales hieren tus ojos. Yo no cometí ningún fraude.
Oh! Tú, espíritu de la máscara resplandeciente. Que lentamente caminas hacia atrás, Yo no me apoderé de lo que pertenecía a los dioses.
Oh! Tú, espíritu que te manifiestas en Heracleópolis. Y que trituras y aplastas los huesos. Yo no mentí.
Oh! Tú, espíritu que te manifiestas en Menfis. Y que gracias a ti resurgen y crecen las llamas. Yo no robé el alimento de mis semejantes.
Oh! Tú, espíritu que te manifiestas en el Amenti. Divinidad de las dos fuentes del Nilo. Yo no difamé.
Oh! Tú, espíritu que te manifiestas en la región de los lagos. Y tus dientes brillan como el sol. Yo no fui agresivo.
Oh! Tú, espíritu que apareces frente al cadalso. Y que te arrojas, voraz, sobre la sangre de las víctimas. Entérate: yo no maté a los animales de los templos.
Oh! Tú, espíritu que te manifiestas en la Gran sala de los 30 jueces. Y que te alimentas con las entrañas de los pecadores. Yo no defraudé.
Oh! Tú, Señor del oreden universal. Que te manifiestas en la sala de la Verdad – Justicia. Aprende. Yo no me apoderé de los campos cultivados.
Oh! Tú, espíritu que te manifiestas en Bubastis. Y que marchas hacia atrás. Aprende Yo no escuché detrás de las puertas.
Oh! Tú, espíritu Aati quer te manifiestas en Heliópolis. Yo no pequé jamás por hablar demasiado.
Oh! Tú, espíritu Tatuf, que te manifiestas en Aati. Yo jamás pronuncié maldiciones cuando me han causado daño.
Oh! Tú, espíritu Uamenti, que surges en las cuevas de torturas. Yo nunca cometí adulterio.
Oh! Tú, espíritu que te manifestaste en el Templo de Amsú. Y que cuidadosamente observas las ofrendas que te llevan. Entérate: Yo jamás dejé de ser casto en la sociedad.
Oh! Tú, espíritu que surges en Nehatú!. Tú, jefe de los dioses antiguos. Yo jamás atemoricé a la gente.
Oh! Tú, espíritu destructor que te manifiestas en Kaki. Yo nunca violé la ordenación de los templos.
Oh! Tú, espíritu que surges en Urit. Y cuya voz oigo que salmodia. Yo nunca me he encolerizado.
Oh! Tú, espíritu que surges en la región del lago Herat. Bajo la forma de un niño. Yo nunca desoí las palabras de la justicia.
Oh! Tú, espíritu que surges en Unes. Y que posees una voz tan penetrante. Yo nunca intenté querellas.
Oh! Tú, espíritu Basti. Que surges de los misterios, Yo nunca hice llorar a mis semejantes.
Oh! Tú, espíritu cuyo rostro se encuentra en la parte posterior de la cabeza. Y que sales de tu oculta morada. Yo nunca pequé contra natura con los hombres.
Oh! Tú, espíritu cuya pierna está envuelta en fuego. Y sales de Akhekhu. Yo jamás fui impaciente.
Oh! Tú, espíritu que sales de Kenemet. Y tu nombre es Kenementi. Yo jamás injurié a nadie.
Oh! Tú, espíritu que sales de Sais. Y en tus manos llevas la ofrenda. Yo jamás fui querellador.
Oh! Tú, espíritu que te manifiestas en la ciudad de Djefit. Y que tienes múltiples rostros. Yo nunca he obrado con precipitación.
Oh! Tú, espíritu que surges en Unth y que eres astuto. Yo nunca he faltado el respeto a los dioses.
Oh! Tú, espíritu que sales de Satiú adornado de cuernos. Yo nunca usé palabras excesivas en mis discursos.
Oh! Tú, Nefertum, que sales de Menfis. Yo nunca defraudé ni obré perversamente.
Oh! Tú, Tum-sep que surges de Djedu. Yo nunca maldije al rey.
Oh! Tú, espíritu de corazón altivo. Que surges de Debti. Yo nunca ensucié las aguas.
Oh! Tú, Hi, que surges en el cielo. Entérate: Jamás hablé con altanería.
Oh! Tú, espíritu que a los iniciados das órdenes. Yo jamás maldije a los dioses.
Oh! Tú, Neheb – Nefert que surges del lago. Yo nunca fui insolente ni he intrigado.
Oh! Tú, Neheb – Kau que surges de la ciudad. Yo jamás me hice valer ni he intrigado.
Oh! Tú, espíritu de cabeza santificada. Que de pronto sales de tu escondite. Entérate: yo no me enriquecí mal.
Oh! Tú, espíritu que surges del mundo inferior y que llevas frente a ti tu brazo cortado. Yo nunca desdeñé a los dioses de mi ciudad.

Salida del Alma hacia la Luz del Día. Libro Egipcio de los Muertos. La confesión Negativa II.

Ante los dioses del Mundo Inferior (Papiro Nu)

Yo os saludo,
¡Oh vosotras divinidades que habitáis en la Gran Sala de Justicia!
¡Yo os conozco, en verdad y conozco también vuestros nombres!
¡No me abandonáis a la cuchilla del verdugo!
¡Ante el dios que es vuestro Señor,
no insistáis sobre mis pecados!
¡Que vuestra intervención
no cause mi mal suerte!
¡Haced que escuche la Verdad el Señor del Universo!
Porque yo hice en mi vida en la Tierra
todo lo que era verdadero y justo.
Yo jamás maldije a los dioses.
Que no me aflijan con infortunios
los genios tutelares de los Días y las Horas.
Yo os saludo,
divinidades que tenéis asiento en la Gran Sala de la Verdad y Justicia
vuestro corazón es ajeno a la mentira y la iniquidad.
¡Vosotras seguid bajo la mirada inmóvil de Horus,
el que vela en su Disco!
¡Libradme de Babai, que en el día del Gran Juicio
Se alimenta con las entrañas de los Poderosos!
¡Dejad que yo entre en vuestra casa!
No cometí fraude, ni pecado alguno.
Yo no di falso testimonio;
¡Que no me sea hecho ningún daño!
Me he nutrido siempre de Verdad y de Justicia.
Mi forma de proceder era la que dictan las buenas costumbres
es aprobada por los dioses.
He contentado a los dioses haciendo lo que ellos aman.
Yo di pan al hambriento y agua al que padecía de sed,
di vestido al hombre desnudo y una barca al náufrago;
he hecho ofrendas a los dioses y libaciones a los Espíritus santificados…
¡Espíritus divinos!
¡Libradme! ¡Dadme protección!
¡No me acuséis frente a la gran divinidad!
¡Mi boca es pura! ¡Mis manos son puras!
Haced que, viniendo de vosotros, escuche estas palabras:
«Oh tú Alma que llegas aquí,
¡Acércate en paz! ¡Acércate en paz!»
Yo he escuchado, en verdad,
las palabras de gran peso
que cambiaba el Gato Divino y los Cuerpos Gloriosos
en el templo de Hapdré.
Respondí a las cuestiones del Espíritu que da el veredicto
cuyo rostro está en la parte de atrás de la cabeza.
Yo he visto los sacramentos de Re-stau:
sobre ellos el Árbol bendito extiende sus ramas…
Imploré su socorro,
conociendo los pensamientos secretos de los dioses.
Llego aquí para dar testimonio de la Verdad,
con el objeto de que la Balanza sea establecida en Aukert.
¡Oh tú, Señor de la corona Atefü,
cuyo Nombre es «Señor-de-los-Vientos»!
¡Tú, que desde lo alto de tu pedestal resides,
líbrame de tus servidores
cuyos decretos traen dolores y pena
y cuyos rostros están desvelados!
Porque en presencia del dios de la Verdad y Justicia
no hice nada que no sea verdadero y justo.
He lavado mi pecho, por eso es puro…
He purificado mi espalda y mis entrañas en el Lago de Maat.
Todas las partes de mi ser
han participado de la Verdad y Justicia.
Yo me purifiqué en el Estanque del Sur;
yo descansé en la Ciudad del Norte,
próxima a los Campos de los Saltamontes,
allí donde, en la segunda hora de la noche
en la tercera del día
los servidores de Ra se purifican…
Los corazones de los dioses hablan de mí,
de día y de noche:
dicen: «¡Que se acerque!»
«¿Quién eres? ¿Cuál es tu Nombre?»
—«Flor-de-Olivo» es mi Nombre…
Saliendo del Espacio
una voz me contesta, invisible: «¡Pasa!»
He aquí un pequeño bosque y, después, una ciudad…
Una voz me pregunta:
—¿Qué encontraste en tu camino?
—Un Pie y una Pierna.
—¿Qué les has dicho?
—Alegría y serenidad.
—¿Qué te han dado?
—Una antorcha encendida y una tablilla de cristal.
—¿Qué has hecho con esos dones?
—Los he enterrado,
al alba cerca del lago, en medio de los canales.
—¿Qué encontraste en ese lugar?
—Un cetro de piedra.
—¿Cuál es el Nombre de ese cetro?
—Su nombre es «Libre-como-el-Viento».
—¿Qué has hecho después de haber enterrado la antorcha encendida y
la tablilla de cristal?
—Pronuncié Palabras de Potencia, desenterré la tablilla,
apagué la antorcha,
rompí la tablilla de cristal
excavé el lago…
—Tú conoces la doble cara de la Verdad-Justicia
puedes franquear la Puerta de la Sala de Maat.
El cerrojo de la Puerta me dijo:
—No entrarás,
si no me dices mi Nombre secreto.
—«Centro-de-gravedad-en-la-Balanza-de-la-Verdad-Justicia», ése es tu
nombre.
—No entrarás,
dijo la Jamba de la derecha,
si no me dices mi Nombre secreto.
—«Platillo-de-la-Balanza-que-lleva-la-Verdad-Justicia», ése es tu nombre.
—No entrarás,
dijo la Jamba de la izquierda,
si no me dices mi Nombre secreto.
—«La-ofrenda-del-Vino», ése es tu Nombre.
—No entrarás,
dijo el Umbral de la Puerta,
si no me dices mi Nombre secreto.
—«El-Toro-del-dios-Keb», ése es tu Nombre.
—No entrarás,
dijo la Cerradura de la Puerta,
si no me dices mi Nombre secreto.
—«Los-dedos-de-los-pies-de-tu-Madre», ése es tu Nombre.
—No penetrarás en la Sala,
dijo la Empuñadura de la Puerta,
si no me dices mi Nombre secreto.
—«El-Ojo-fuente-de-Vida-del-dios-Sebek-Señor-de-Bakjau», ése es tu Nombre.
—No entrarás en la Sala,
dijo el Guardián de las hojas de la Puerta,
si no me dices mi Nombre secreto.
—«Codo-del-dios-Shu-protector-de-Osiris», ése es tu Nombre.
—No entrarás con nosotros,
dijeron los dos Montantes de la Puerta,
si no nos dices nuestros Nombres secretos.
—Vuestros Nombres son: «Los-Hijos-de-las-diosas-coronadas-de-Serpientes».
—Nos has reconocido ¡Puedes pasar!
—No permitiré que tus pies me pisen, dijo el Suelo de la Sala de Maat,
porque yo soy sagrado y silencioso.
Tampoco conozco los Nombres de tus dos pies
que están dispuestos a pisarme. ¡Habla pues!
—«El-Cetro-de-Hathor» es el Nombre de mi pie izquierdo.
«El-Corredor-del-dios-Khas», ése es el Nombre de mi pie derecho.
—Me conoces. ¡Puedes pasar!
El Guardián de la Sala de la Verdad-Justicia, dijo:
—Yo te anunciaré si me dices mi Nombre secreto.
—«El-que-conoce-los-corazones-Y-el-que-escarba-las-entrañas-del-hombre»,
ése es tu Nombre.
—Te anunciaré al dios… Pero dime todavía esto:
¿Quién es el dios que gobierna en esa hora?
¿Cuál es su Nombre?
—«Aquel-que-protege-las-Dos-Tierras», ése es su Nombre.
—Pero ¿quién es este dios
que bajo su custodia tiene las Dos Tierras?
—¡Thoth, ése es el dios!
—Atraviesa la Puerta y acércate,
dijo la voz de Thoth invisible.
—Primeramente dime, ¿por qué razón llegas aquí?
—Vine hasta aquí para que me anuncien.
—¿Cuál es tu condición? ¿Qué clase de hombre eres?
—Yo estoy purificado de todos los pecados.
No obedezco a las imperfecciones de los hombres
que siguen las imperfecciones del momento.
¡Yo no soy de ellos!
—Te anunciaré a la divinidad
que es protegida si me dices todavía lo siguiente:
¿Cuál es el Nombre de la divinidad
que está protegida por el Cielo de Fuego,
que se halla rodeada por una Muralla de dioses-Serpientes
que reposa sobre la superficie de las Aguas corrientes?
¿Quién es?
—Es, ¡Osiris!
—¡Atraviesa el Umbral! Sí, verdaderamente, podré anunciarte.
¡Debes saber, pues!
El Pan de tu Comunión,
el Vino de tu Comunión
y todas las ofrendas sepulcrales que te destinan
¡Son emanaciones del Ojo de Ra!

Salida del Alma hacia la Luz del Día. Libro Egipcio de los Muertos.

Reinas de Egipto

Referencias

  • Lajo Pérez, Rosina (1990). Léxico de arte. Madrid – España: Akal. p. 163. ISBN 978-84-460-0924-5.
  • E.A. Wallis Budge (2000). Salida del Alma hacia la Luz del Día. Libro Egipcio de los Muertos. Editorial: Ediciones Abraxas. ISBN 9874589485.