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Dioses Egipcios

Canción de la cuna mágica

La «Canción de la Cuna Mágica», conocida también como el «Amuleto para la protección de un niño», es una inscripción del siglo XVI o XVII d.C. En inglés sería «The Magical Lullaby». En el poema se puede leer las prácticas religiosas y espirituales personales del Antiguo Egipto, ya que es un hechizo que se cantaba para alejar a los fantasmas de los niños dormidos.

La magia conocida como “heka” por los egipcios en honor a su dios con el nombre de «Heka», era común en la vida diaria y las prácticas religiosas y médicas en el Antiguo Egipto. La «Canción de la Cuna Mágica» es un ejemplo del tipo de hechizo que el pueblo egipcio usaría para protegerse.

La historiadora Margaret Bunson comenta lo siguiente:

Tres elementos básicos siempre estuvieron involucrados en la práctica de heka: el hechizo, el ritual y el mago (sacerdote). Los hechizos eran tradicionales, pero también cambiaban con el tiempo y contenían palabras que se consideraban armas poderosas en manos de los eruditos.

Sin embargo, la mayoría de las personas no eran “magos” y ni siquiera sabían leer, por lo que ciertos hechizos se memorizaban escuchando y se transmitían de generación en generación. La «Canción de la Cuna Mágica» parece ser uno de esos hechizos que los fieles podrían cantar para protegerse regularmente sin tener que consultar con un sacerdote, vidente o médico.

Mitos egipcios

Magia en el Antiguo Egipto

La magia era una parte integral de la vida de los antiguos egipcios. La magia, de hecho, creó y sostuvo el mundo. En los Textos de los ataúdes (2134-2040 a.C.), el dios Heka, afirma que existió antes que los dioses. Era el dios de la magia y la magia misma, la energía creativa que permitía el acto creativo. Heka siempre había existido, siempre existiría e informaba todos los aspectos de la vida de los egipcios. Lo que uno consideraría “fuerzas sobrenaturales” en la actualidad, para los egipcios eran fuerzas de la naturaleza.

Los dioses y diosas hacían apariciones regulares y esperadas todos los días, los espíritus malignos y los muertos enojados debían protegerse, e incluso los aspectos más comunes de la vida de uno, como árboles, arroyos, rocas y colinas estaban metidos en un elemento espiritual. La salida y la puesta del sol eran eventos en los que los antiguos egipcios creían que jugaban un papel importante.

Realizaban ceremonias para evitar que la serpiente Apofis destruyera el barco del dios sol Ra y hundiera el universo en el caos. Bunson señala que “la magia era la fuerza vinculante entre la tierra y otros mundos, el vínculo entre los mortales y lo divino”. Los hechizos y rituales se usaban para las situaciones más serias o mundanas que uno encontraba.

El egiptólogo James Henry Breasted comenta lo siguiente:

La creencia en la magia penetraba toda la esencia de la vida en el Antiguo Egipto, dominaba la costumbre popular y aparecía constantemente en los actos más simples de la rutina diaria del hogar, algo tan natural como el sueño o la preparación de la comida.

Magia, medicina y religión

Un sacerdote, mago, médico o vidente que había adquirido una cierta cantidad de poder y conocimiento, solía ser llamado en casos de enfermedad, para interpretar sueños, para mediar en una disputa entre los vivos y un espíritu enojado, o como mediador entre seres humanos y dioses. La magia era evidente en todas las historias sobre divinidades, y dado que los seres humanos eran considerados colaboradores de dioses, tenía sentido que el elemento mágico estuviera disponible para que la gente común de Egipto.

La egiptóloga Rosalie David escribe lo siguiente:

Se creía que la sociedad constaba de cuatro grupos: los dioses, el rey, los muertos benditos y la humanidad, que compartían ciertas obligaciones morales y el deber de interactuar para mantener el orden mundial.

Parte del mantenimiento del mundo, naturalmente, era la salud y el bienestar de uno. Aunque los dioses siempre estaban velando por uno, estaba claro que sus responsabilidades eran grandes y que los humanos necesitaban hacer su parte para ayudar a protegerse llamando regularmente la atención sobre sus necesidades; y así, los amuletos mágicos, las estatuas domésticas y los encantamientos, se empleaban para ahuyentar a los espíritus malignos o fantasmas y mantener la casa segura.

El dios Bes

El egiptólogo WM Flinders Petrie dice:

Los niños usaban especialmente figuras del dios Bes, y menos comúnmente Taweret, los genios protectores de la infancia… Los amuletos domésticos en los días prehistóricos eran las grandes piedras con figuras de serpientes enroscadas… en épocas posteriores, la imagen de Horus sometía los poderes del mal.

Aunque Bes, Taweret, Horus y muchas otras deidades ofrecieron protección, todos los dioses y diosas tenían su propia esfera especial de experiencia. Cuando uno deseaba ayuda en el amor, los egipcios invocaban a Hathor, para la sabiduría consultaban a Neith, Thoth les ayudaba a escribir, Ptah repartía justicia, y así mismo, había un dios que se especializaba en la protección a través de la curación.

Los doctores son magos

Heka no solo era el dios de la magia sino también de la medicina. Se le representa como un hombre que lleva un bastón y un cuchillo y los antiguos médicos egipcios eran llamados Sacerdotes de Heka. La magia era una parte tan integral de la práctica médica en el antiguo Egipto como cualquier otro aspecto de la vida, por lo que Heka se convirtió en una deidad importante para los médicos.

Se dice que mató a dos serpientes y las entrelazó en un bastón como símbolo de su poder; este símbolo de las artes médicas pasó a los griegos hasta nuestros días. Uno ve el símbolo de Heka en forma modificada, ahora conocido como el caduceo, regularmente en los consultorios médicos como el símbolo de Hipócrates, padre de la medicina.

Papiros de textos médicos

Un papiro que data del reinado de Amenhotep I (1541-1520 a.C.), ahora conocido como el Papiro de Ebers, se encuentra entre los textos médicos más antiguos del mundo. Enumera más de 700 diagnósticos y prescripciones con capítulos sobre enfermedades de la piel, fracturas, quemaduras, problemas digestivos, así como afecciones más graves como el cáncer y las enfermedades del corazón.

Este trabajo demuestra un alto grado de conocimiento y habilidad médica, y con otro, el llamado Papiro médico de Londres (1629 a.C.), también muestra cómo la magia y la medicina se consideraban el mismo arte. Otro texto médico, el Papiro de Edwin Smith (1600 a.C.), aunque ofrece principalmente consejos médicos prácticos, también contiene hechizos para la curación.

Enfermedades en niños

Sin embargo, los médicos podían ser costosos o simplemente no estaban disponibles. Esto podría ser un problema para los egipcios, porque los dioses, como se señaló antes, estaban muy ocupados, por lo que la gente común de Egipto se convertía en sus propios magos y médicos cuando era necesario.

La egiptóloga Joyce Tyldesley escribe:

Los altos niveles de mortalidad infantil hacían que las enfermedades infantiles fueran siempre momentos de preocupación para la madre. Muy pocos padres podían permitirse el lujo de llevar a sus hijos enfermos a consultar a los médicos, y por eso, no es sorprendente que las madres recurrieran nuevamente a la sabiduría popular y la magia para proteger a sus seres queridos, depositando su confianza en una variedad de amuletos y hechizos.

Las enfermedades en el antiguo Egipto, sin importar la edad, se atribuían a los dioses que castigaban a por los pecados cometidos, a los muertos que estaban molestos por algún mal que se les había hecho en vida o por ritos funerarios inadecuados, o espíritus malignos que se aprovechaban de los desprevenidos y, especialmente, de los niños inocentes. La «Canción de la Cuna Mágica» se dirige a los fantasmas, en lugar de solo a los espíritus malignos. Hay unas líneas que comentan lo siguiente:

“Quien entra en sigilo, su nariz está detrás de él… quien entra en sigilo, su nariz está detrás de ella…”.

Sin embargo, se cuestiona esta interpretación. Algunos historiadores dicen que las líneas hablan de los espíritus malignos en general y no solo a los fantasmas de aquellos que alguna vez fueron mortales.

Poema egipcio de la cuna mágica

El poema es un verso corto que habla directamente a los espíritus que pretendían dañar al niño y advierten de las armas que el mago tiene para defenderse. El hechizo sería el “arma” que asustaría al fantasma para alejarlo del niño, y una variedad de comidas y especias mencionadas también eran poderosas defensas.

Bunson comenta sobre el trabajo:

La «Canción de la Cuna Mágica» es una encantadora canción del Antiguo Egipto cantada por las madres sobre la cama de sus hijos. La canción de cuna tenía la intención de advertir a los espíritus malignos y fantasmas de que no intentaran hacer daño a su retoño. La madre cantaba sobre los artículos que poseía para dañar a los espíritus de los muertos. Llevaba lechuga para “pinchar” a los fantasmas, ajo para “hacerles daño” y miel que se consideraba “veneno para los muertos”.

La siguiente traducción proviene de Development of Religion and Thought in Ancient Egypt de James Henry Breasted. Se entiende que la “hierba Efet” mencionada es lechuga:

Huye, tú que vienes en la oscuridad, que entras en sigilo, con la nariz detrás de él, el rostro vuelto hacia atrás, que pierde aquello por lo que vino.

Huye, tú que vienes en la oscuridad, que entras en sigilo, con la nariz detrás de ella, el rostro vuelto hacia atrás, que pierdes aquello por lo que viniste.

¿Vienes a besar a este niño? No dejaré que lo beses.

¿Vienes a calmarlo? No dejaré que lo calmes.

¿Vienes a hacerle daño? No dejaré que le hagas daño.

¿Vienes a llevártelo? No dejaré que me lo quites.

He hecho su protección contra ti de Efet-hierba.

Produce dolor de las cebollas que te dañan.

De la miel que es dulce para los vivos y amarga para los que están allá (es decir, de los muertos).

De las partes malignas del «Pez Ebdu».

De la mandíbula del meret.

Y fuera de la columna vertebral

Se cree que la canción fue cantada con bastante regularidad por madres, hermanas mayores y enfermeras en todo Egipto. Es muy posible que su antigüedad sea anterior al siglo XVI-XVII a.C. Y se transmitiera oralmente, aunque esto es solo una especulación mía.

Demonios masculinos y femeninos

A lo largo de la pieza, el mago se dirige directamente al espíritu que podría estar entrando de manera invisible en el hogar y, se pensaba que con sus hechizos ahuyentaría a estos seres. Según el erudito Andre Dollinger, el orador tendría que referirse tanto a los espíritus masculinos como a los femeninos en la primera línea porque “los hechizos mágicos son de alguna manera similares a los escritos legales, son efectivos sólo contra aquellos que se aplican en concreto. Usando solo la forma masculina en una maldición dejaría al niño expuesto a los ataques de los demonios femeninos”.

Dollinger aclara aún más las líneas, “Vienes a besar a este niño … Vienes a calmar a este niño”, es muy probable que habían fantasmas que pudieran ser amistosos, incluso útiles, pero que en realidad solo vienen a dañar al niño. Después de dejar claro que el espíritu no obtendrá lo que vino a buscar, el orador amenaza al fantasma con las armas que tiene a mano: lechuga, cebolla, miel y tripas de pescado.

Armas contra los espíritus del Antiguo Egipto

Los comestibles mencionados sugieren a algunos eruditos (Breasted entre los primeros) que el niño pudo haber sido alimentado con lechuga, cebolla y miel con algo de pescado como prevención contra la posesión. El poema da referencia a la miel como dulce para los vivos, pero amarga para los muertos en una de las líneas que señalan los eruditos al interpretar la canción como una defensa contra los fantasmas y no contra los malos espíritus.

La miel se consideraba amarga después de la muerte durante algunos períodos de la historia egipcia. La línea sobre el pez se interpreta de la misma manera. Los egipcios, especialmente los de las clases bajas, comían pescado con regularidad, pero desechaban las entrañas (las «partes malignas») porque eran desagradables; se pensaba que los muertos sentían lo mismo.

La canción de cuna y una receta

La conclusión de Breasted de que la canción en realidad relata una receta que el niño comería tiene sentido, pero también se ha sugerido que estos ingredientes pudieron haber sido mezclados en una pasta y aplicados en puertas y ventanas. Sin embargo, es posible que no haya importado si uno realmente hizo esta mezcla; tal vez solo con cantar la canción fue suficiente para ahuyentar a los fantasmas y mantener a salvo a su hijo.

Tyldesley escribe lo siguiente:

Se sabía que estos hechizos eran tan efectivos que con frecuencia se escribían en un pequeño trozo de papiro empacado en una cuenta de madera u oro especialmente tallada y cuidadosamente suspendido alrededor del cuello del niño amado para garantizar la máxima protección.

La popularidad de tales hechizos da fe sobre la creencia y la relación vital que la gente tenía con el mundo invisible. Los antiguos egipcios creían en un universo lleno de posibilidades sobrenaturales. Desde las inscripciones de las tumbas hasta las cartas, las estelas, la literatura y los ejemplos más obvios de encantamientos y hechizos, está claro que vieron el mundo lleno de fuerzas espirituales de enorme poder.

Aunque había figuras de autoridad como sacerdotes y videntes que podían aconsejarlos sobre cómo navegar por este mundo, entendieron que también tenían que asumir la responsabilidad personal de sus vidas, las de la comunidad en general y el mantenimiento del orden y el equilibrio en el universo… La «Canción de la Cuna Mágica», cantada por un cuidador de un niño o metida en un amuleto que uno usaría, es un vistazo íntimo a esta gran visión de una de las civilizaciones más grandes del mundo antiguo.

Reinas de Egipto

Referencias

  • Breasted, J.H. Development of Religion and Thought in Ancient Egypt. CreateSpace Independent Publishing Platform, 2016.
  • Bunson, M. Encyclopedia of Ancient Egypt. Gramercy, 1999.
  • Charm for the protection of a child.
  • David, R. Religion and Magic in Ancient Egypt. Penguin Books, 2003.
  • Flinders Petrie, W.M. The Religion of Ancient Egypt. CreateSpace Independent Publishing Platform, 2014.
  • Shaw, I. The Oxford History of Ancient Egypt. Oxford University Press, 2004.
  • Tyldesley, J.A. Daughters of Isis. Penguin Books, 1995.